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domingo, 12 de mayo de 2013

La paradoja de Russell

Entre 1879 y 1884, Cantor ideó una nueva disciplina basada en la noción de conjunto y la relación de pertenencia. Pronto, esta nueva disciplina sería conocida como Teoría de Conjuntos, una rama autónoma de la matemática.
La noción de conjunto que Cantor utilizaba era de lo menos restringida: “un conjunto es cualquier colección de objetos distintos y bien definidos de nuestra intuición o nuestro pensamiento, reunidos en un todo”. Sin embargo, esta noción de conjunto pronto se presentó como problemática, pues desde la misma era posible derivar paradojas y, por lo tanto, contradicciones.

Una de estas paradojas es la conocida Paradoja de Russell, que él mismo formuló en 1901.


Para acercarnos a esta paradoja, una vez que ya tenemos la noción de conjunto, haremos una distinción entre conjuntos que pertenecen a sí mismos y conjuntos que no pertenecen a sí mismos.
Por ejemplo, “el conjunto de todas las mesas” o “el conjunto de todos los seres humanos” no pertenecen a sí mismos, porque el conjunto de todas las mesas, aunque es un conjunto, no es una mesa. Lo mismo ocurre con el conjunto de los seres humanos.
Ahora bien, “el conjunto de las cosas distintas de las mesas” es, él mismo, una cosa distinta de las mesas, y por eso pertenece a sí mismo. Esto también ocurre con “el conjunto de todos los conjuntos que existen”, etc.

Ahora, supongamos que tenemos el conjunto R (de Russell) y que éste es el conjunto de todos los conjuntos que no pertenecen a sí mismos:

R = { conjunto de todos los conjuntos que no pertenecen a sí mismos }
Si el conjunto R pertenece a sí mismo, entonces no puede pertenecer a sí mismo, al igual que sus elementos. Pero si no pertenece a sí mismo, entonces cumple la condición para pertenecer a sí mismo, con lo que sí pertenece a sí mismo. En ambos casos llegamos a contradicción:

R pertenece a R si y sólo si R no pertenece a R.

Esta derivación basta para desbancar la noción básica de conjunto.

Más adelante, Russell determina que el origen de las paradojas relacionadas con la recién iniciada Teoría de Conjuntos es el llamado “Principio del círculo vicioso”. Éste dice, tal y como él lo expone en Principia Mathematica que “lo que quiera que involucre la totalidad de una colección no debe ser parte de esa colección”. Así, no podemos definir un objeto en términos del conjunto al que pertenece. Si así lo hiciéramos, la definición del objeto no sería en absoluto correcta, ni tampoco la del conjunto. Russell llama a este tipo de definiciones “impredicativas”.

Tras el diagnóstico de Russell, el “conjunto de todos los conjuntos que no pertenecen a sí mismos” no puede un ser conjunto, pues se caracteriza a un conjunto de objetos que, necesariamente, está entre los objetos que forman parte del mismo. Por la misma razón, el “conjunto de las cosas distintas de las mesas” tampoco puede caracterizarse apropiadamente como conjunto.

Si aplicamos este principio, es imposible que surja la Paradoja de Russell. Y sabemos que una noción ingenua de conjunto, no nos sirve. Como alternativa para que no surjan estas paradojas, Russell propone la teoría de tipos.

Para leer más:

Irvine, A. D., Russell's Paradox, en Stanford Encyclopedia of Philosophy.

Wikipedia: Russell's paradox.

P. S. Éste post ha sido recuperado de mi blog de La Coctelera.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Filosofía en lucha contra los despropósitos de la LOMCE

Reproduzco el comunicado con fecha de hoy de la Red Española de Filosofía y pido su difusión:

Tras conocer el segundo borrador de la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), la RED ESPAÑOLA DE FILOSOFÍA -que agrupa a la Conferencia Española de Decanatos de Filosofía, el Instituto de Filosofía del CSIC y treinta y cinco asociaciones de profesionales de la Filosofía de todos los niveles educativos y comunidades autónomas- considera necesario informar a la opinión pública de lo siguiente:
1.   La LOMCE elimina dos de las tres materias obligatorias que componen el ciclo de los estudios de Filosofía en la Educación Secundaria (la Ética de 4º de ESO, denominada actualmente “Educación Ético-Cívica”, y la "Historia de la Filosofía" de 2º de Bachillerato), y deja solamente una materia obligatoria (la "Filosofía" de 1º de Bachillerato), lo que supone una reducción del 66,6% del currículum de Filosofía. Es el recorte más brutal que sufren los estudios de Filosofía en toda la historia de la democracia española.
2.   Este recorte destruye lo que ha sido un pilar básico del sistema educativo español durante las tres últimas décadas. Además, entra en contradicción con los objetivos formativos declarados en el preámbulo de la LOMCE y contradice también las recomendaciones de la UNESCO, que en su informe La Filosofía, una escuela de libertad (2007), atribuye a la Filosofía un papel formativo fundamental y por ello considera que debe formar parte del currículum básico del alumnado en todos los sistemas educativos del mundo.
3.   Los estudios de Filosofía proporcionan al alumnado una triple formación: a) una formación instrumental en el uso del lenguaje oral y escrito, que le ayuda a mejorar sus capacidades de razonamiento, comprensión y comunicación; b) una formación transversal e interdisciplinar, que le permite conectar los diversos saberes del currículum y contar con una mayor capacidad de juicio para afrontar la complejidad del mundo contemporáneo; c) una formación integral, que le ayuda a conciliar el conocimiento, la moral y la sensibilidad, y que es imprescindible para su maduración personal y su cualificación profesional.
4.   Por todo ello, pedimos al Ministerio de Educación que se mantengan las tres materias obligatorias de Filosofía en los tres últimos cursos de la Educación Secundaria (4º de ESO, 1º y 2º de Bachillerato), puesto que entre las tres componen un ciclo formativo completo y coherente, académicamente equiparable al de las otras materias que han sido reconocidas por la LOMCE como materias troncales: Lengua, Matemáticas, Historia e Inglés.
5.   Rechazamos que la Filosofía sea utilizada una y otra vez, por los sucesivos gobiernos de España, como un comodín que se estira y se encoge caprichosamente, con cada nueva reforma educativa; como un arma arrojadiza en la lucha ideológica entre los dos partidos mayoritarios; o como una moneda de cambio susceptible de ser intercambiada por la enseñanza de la Religión católica. La Filosofía tiene una larga y sólida tradición académica, que es independiente de las diversas ideologías políticas y de las diversas confesiones religiosas, y que constituye una seña de identidad imprescindible de la cultura occidental.
6.   Hemos enviado una carta al Ministro de Educación, José Ignacio Wert, solicitándole una entrevista y manifestándole nuestra disposición a cooperar con su equipo ministerial para diseñar el currículum de las tres materias obligatorias que componen actualmente el ciclo de los estudios de Filosofía en la enseñanza secundaria, con el fin de asegurar que sea un ciclo progresivo, coherente y riguroso, y que esté a la altura del mundo en que vivimos.
Madrid, 12 de diciembre de 2012


Sin comentarios

viernes, 13 de abril de 2012

La filosofía en El talón de hierro

Alabado sea Dios porque no somos sabios

¿Qué sois vosotros, entonces?

Somos filósofos.

Ya alzásteis el vuelo -dijo Ernesto riendo-. Os salís del terreno real y sólido, y os lanzáis a las nubes con una palabra como una máquina voladora. Por favor, vuelva a bajar usted y dígame exactamente qué entiende por filosofía.

La filosofía es... (el doctor Hammerfield se compuso la garganta) algo que no se puede definir de manera comprensiva salvo a los espíritus y a los temperamentos filosóficos. El sabio que se limita a meter las narices en sus probetas no podría comprender la filosofía.

Ernesto pareció insensible a esta puya. Pero como tenía la costumbre de devolver el ataque al adversario, lo hizo sin tardanza. Su cara y su voz desbordaban fraternidad benigna.

En tal caso, usted va a comprender ciertamente la definición que voy a proponerle de la filosofía. Sin embargo, antes de comenzar, le reto a hacer notar los errores, o a observar un silencio metafísico. La filosofía es simplemente la más vasta de todas las ciencias. Su método de razonamiento es el mismo que el de una ciencia particular o el de todas. Por este método de razonamiento, método inductivo, la filosofía fusiona a todas las ciencias particulares en una sola y gran ciencia. Como dice Spencer, los datos de toda ciencia particular no son más que conocimientos parcialmente unificados, mientras que la filosofía sintetiza los conocimientos suministrados por todas las ciencias. La filosofía es la ciencia de las ciencias, la ciencia maestra, si lo prefiere. ¿Qué piensa usted de esta definición?

Jack London, El talón de hierro, pp. 24-25, Hiru, 2003.

P.S. Tras tres meses sin escribir y, a falta de la inspiración suficiente, recupero esta cita de Jack London que ya retomé en su momento en mi blog de La Coctelera. En breve, más y mejor.

P.P.S. No hay que decir que recomiendo encarecidamente la lectura de esta distopía.

lunes, 9 de enero de 2012

Grice: Máximas conversacionales. Cantidad.

Quienes me conocen, saben lo exigente que soy (con los demás y conmigo misma) en todo lo que tiene que ver con la claridad, la pertinencia y, en definitiva, con un correcto uso de la argumentación. Éste es el arma que tenemos los filósofos para demostrar nuestras ideas y, sobre todo, para tener discusiones fructíferas. Si cada vez que hablamos de "x" tenemos que atender a las distintas formas de entender "x", sin proponer una común a todos en aras de la discusión, mal andamos.

Por eso, una buena formación en lo que a argumentación y retórica se refieren es vital para el filósofo, siendo nuestra disciplina, que lo es, eminentemente discursiva. Sin embargo, en muchos casos la formación en materia de argumentación se va dejando y no se le da la importancia que merece. Y luego nos encontramos con discursos absurdos y la mar de "retóricos" (en el peor sentido posible del término) a los que muchos llaman "filosofía" sin ser, en muchos casos, nada más que un chiste de mal gusto (postmodernos, perdonadme por lo que acabo de decir). Nuestro instrumento es la palabra; nuestro método científico, el argumentativo; nuestro laboratorio, la naturaleza.

Pensando en estas cosas y revisando mi antiguo blog de la coctelera, he recordado que tengo algunos posts que vienen bien para contribuir a que no ocurran estas cosas de las que me he quejado anteriormente y creo que merece la pena rescatarlos. Dicho esto y, aunque algunos podáis pensar que no es así, el daño ya está hecho. No intentéis detenerme. En mi defensa, alegaré que no los copiaré tal cual. El tiempo nos hace pensar un poco más.

El primer post rescatado tiene que ver con lo que se llaman "máximas conversacionales" y está basado en un artículo de Grice, "Lógica y conversación", que podéis consultar aquí. Ahora, al lío.

¿Cómo hacer un uso apropiado de los argumentos en una conversación? Grice nos desvela la existencia de un conjunto de máximas que guían el uso del lenguaje en la conversación y que se sustentan en el principio cooperativo. ¿Y qué es el “principio cooperativo”? Éste nos dice: que tu aportación a la conversación sea lo oportuno y adecuado a la finalidad de la conversación.
Dicho esto, las máximas pueden ser de cantidad, de cualidad, de relación o de modo:


  • Máxima de Cantidad: que tu intervención contenga toda la información necesaria y sólo la información necesaria.
  • Máxima de Calidad: decir todo lo que se considera verdadero y sólo aquéllo de lo que se tienen pruebas adecuadas.
  • Máxima de Relación o pertinencia: ir al grano y ser pertinente.
  • Máxima de Modo: ser claro, preciso, no ser ambiguo. Ser breve y ordenado.

Salvo que se especifique lo contrario (que se cancelen), estas máximas funcionan. Pueden dejarse en suspenso, como ocurre al decir "mis labios están sellados", con lo que se manifiesta que no se va a cooperar. También pueden violarse, aunque esto puede llevar a equívocos. Un ejemplo de violación en relación con la máxima de cantidad ocurriría, por ejemplo, si yo pregunto qué tal es el profesor "x" y la respuesta es "bueno, llega puntual a clase", violando así, la máxima de cantidad (dado que no ha aportado la información necesaria), queriendo decir o implicar conversacionalmente que "no es un buen profesor". Las máximas también pueden explotarse si se dejan de cumplir manifiestamente sin dejar nada en suspenso ni querer inducir a equívocos, como cuando decimos "la guerra es la guerra" o cualquier otra tautología similar.


También existen falacias derivadas de un mal uso de las máximas. Aquí conviene repasar que, para que un argumento sea válido, la verdad de las premisas debe transmitirse a la conclusión. Con respecto a la máxima de cantidad, dado que estamos hablando de la información que contiene nuestro argumento, hemos de saber que, si la conclusión no se sigue de las premisas, tendremos falacias de non sequitur. Todas ellas son formas de violación de la máxima de cantidad. Algunas de éstas son:


  • Post hoc, ergo propter hoc: es un argumento de falsa causa. De la correlación de dos elementos, A y B, se pasa a una relación de causalidad en la que A causa B o B causa A. Esta falacia suele usarse en argumentos supersticiosos. Un ejemplo sería decir que, como el gallo siempre canta antes de que salga el sol, la causa de que salga el sol es que el gallo cante.
  • Slippery Slope o Argumentos de pendiente resbaladiza (también llamado “bola de nieve”): éste es un tipo de argumentación donde se da una falsa consecuencia. Partes de una proposición “p”y derivas de ella una consecuencia de la que, a la vez, se deriva otra consecuencia, de la que se deriva otra... hasta finalmente demostrar una consecuencia que no tiene nada que ver con el hecho del que partías. Suele usarse en argumentos catastrofistas.

Otra de las condiciones para cumplir esta máxima es que la conclusión nos dé más información que las premisas. Hay falacias que se derivan del uso de premisas que el interlocutor aceptará de antemano:

  • Falso dilema: o A o B. Se prescinde de todas las posibles alternativas y se presentan éstas como las únicas. Por ejemplo: o estás con nosotros o contra nosotros.
  • Falso término medio: negativa a aceptar un dilema real presentando una tercera alternativa que, en realidad, no existe. Por ejemplo: ni determinismo, ni libertad, sino una mezcla de ambas.
  • Ad consequentiam: no aceptar algo sólo porque no te gustan sus consecuencias, pero eso no implica que la consecuencia sea rechazable ni que el argumento sea falso. Suele usarse para el autoengaño. Por ejemplo: no puedes aceptar que la teoría de la evolución sea verdadera, porque entonces nosotros no seríamos mejores que los monos.

Hasta aquí lo que respecta a las máximas por hoy.

martes, 3 de enero de 2012

Reconstruyendo la mal llamada tesis del monopsiquismo de Averroes

La tesis del monopsiquismo o de la unidad del intelecto es una de las más problemáticas y polémicas de entre las que defiende el filósofo cordobés Averroes (1126-1198). Según el modo tradicional de abordar esta cuestión, dicha tesis afirma que todos los seres humanos compartimos un mismo intelecto, idéntico en número 1.

Sin embargo, atendiendo a la argumentación del Cordobés, veremos que su tesis se refiere, por un lado, a que todos conceptualizamos de la misma manera, y, por otro lado, a que los conceptos son los mismos para todos y, por lo tanto, universales.

Para dar cuenta de la naturaleza del intelecto, de nuestra facultad de entender y conocer, Averroes se centra en dos aspectos del conocimiento. El primero de ellos es cómo tiene lugar el proceso cognitivo con respecto al mundo externo, es decir, ¿cómo conocemos? El segundo es cuál es la naturaleza del objeto inteligible, o lo que es lo mismo, ¿qué conocemos? La consideración acerca de esta doble faceta de la cognición, refiriéndose por un lado al sujeto del conocimiento y, por otro, al objeto del conocimiento nos permitirá entender mejor, no sólo en qué consiste conocer para Averroes, sino también por qué este proceso es fundamental cuando se trata de la posibilidad de hacer ciencia y de constituirla como un todo unitario.

Averroes. Fuente.

Con respecto a cómo tiene lugar el proceso de conocimiento, Averroes lo caracteriza como la recepción de formas inteligibles. Ahora bien, ¿cómo recibimos estas formas inteligibles? O lo que es lo mismo ¿en qué consiste entender? En primer lugar, si caracterizamos el acto de entender como recepción de formas, no debe perderse de vista que lo que conocemos es el universal a partir del particular. Como ocurre cuando percibimos distintos tipos de mesas, por poner un ejemplo sencillo, y las encuadramos todas dentro del concepto de “mesa”, sabiendo, por lo tanto, que pese a ser distintas en cuanto a su materia (redondas, cuadradas, con cuatro patas o con una), siguen siendo mesas y, así, caen dentro de un concepto universal. Cualquier otro objeto o ejemplo similar nos serviría, con tal de que se entienda que el particular evoca en nosotros un concepto más general o universal. Somos, así, capaces de distinguir la mesa individual y lo que hace que algo sea una mesa, es decir, podemos abstraer las cualidades formales de un determinado objeto material.

Esta recepción de las formas inteligibles se realiza por medio de las formas de la imaginación, la memoria, la potencia cogitativa y el sentido común. Estas capacidades conforman lo que Averroes llama “intelecto material”, del que dice que “no tiene naturaleza alguna que no sea la pura posibilidad” y que “es en potencia todas las intenciones de las formas materiales universales”2. Precisamente por ser ésta su naturaleza, de pura posibilidad o capacidad, de pura receptividad, el intelecto material no puede ser un cuerpo ni existir en un cuerpo, porque adoptaría, entonces, una forma determinada y, por lo tanto, particularizada, lo que le haría perder su capacidad universal en cuanto a recepción de formas se refiere. Averroes sitúa estas cuatro capacidades en el cerebro, siendo el intelecto material un proceso que no puede darse sin ellas3.

Pese a todo, el hecho de recibir los inteligibles no hace que éstos ya se den en acto, pues, como formas de la imaginación, como imágenes o representaciones, siguen estando en potencia hasta que se produce la conceptualización por medio del intelecto, en lo que interviene el intelecto agente. Pensar es abstraer lo universal de lo concreto, tal y como explicábamos antes con el ejemplo de las mesas o, como dice Averroes, actualizar las formas de la imaginación o representaciones, mientras que entender consiste en esta pura recepción de formas. Abstraer es conocer la quididad del objeto, lo que es de suyo. Esta actividad la realiza el intelecto agente, que es la perfección o entelequia del intelecto material y, por lo tanto, donde tiene lugar la conceptualización como tal. Ahora bien, los conceptos no pueden sino ser universales, siendo así que el intelecto agente es el que abstrae estos conceptos, mientras que el que los contiene es el intelecto material o pasivo.

A partir de esta caracterización del proceso cognitivo, como proceso por medio del que llegamos a conocer el universal a través del particular, podemos pasar a explicar lo que hemos tomado inicialmente como segunda caracterización del proceso intelectivo. Podemos, así, explicar lo que tiene que ver con el objeto de conocimiento.

Monumento a Averroes en Córdoba. Fuente.

Los inteligibles en acto, que están en el alma, tienen que ser conceptos universales, pues, si fueran objetos particulares, tal y como tiene lugar el conocimiento, seguirían siendo inteligibles en potencia. Aún así, si lo que conociéramos fuera una sucesión de particulares y no conceptos universales, siempre conoceríamos “esto” y “aquello”, pero no que “esto” es una mesa y, así, el conocimiento como tal sería imposible. Es más, el discurso racional y la intersubjetividad no podrían darse en absoluto, porque no tendríamos nunca los mismos conceptos, que son el instrumento del pensar. Por eso, dice Averroes, que “las cosas entendidas son únicas con respecto al que recibe, y muchas con respecto a la intención que se recibe”4. Por esta misma razón, lo que se entiende, el concepto universal, siempre es necesariamente el mismo. Las cosas existentes en el mundo son generables y corruptibles, mientras que lo que conoce el individuo nunca varía, del mismo modo que el concepto de “mesa” siempre se referirá a todas aquellas cosas que cumplan con las propiedades necesarias y suficientes para ser una mesa.

El objeto pensado, la forma de la que hemos estado hablando anteriormente, tiene un contenido intencional y nos sirve como referente mental para que el objeto existente en el mundo sea verdadero o falso. La materia, el objeto como tal, existe en el mundo. Esto puede plantear un problema, a saber, si todos conocemos un mismo objeto inteligible, si el inteligible en acto o concepto universal es uno y el mismo para todos, ¿cómo podemos tener pensamientos individuales? ¿Cómo es posible que cada individuo tenga un pensamiento distinto si compartimos esta universalidad?

La individuación del objeto de conocimiento viene dada por el propio individuo. Muchos sujetos cognoscentes pueden tener un mismo concepto universal y, a la vez, conocer individualmente. Podemos pensar en cuando todos vemos juntos la misma película o escuchamos música a la vez. Todos vemos o escuchamos lo mismo, pero tenemos una experiencia individual determinada acerca de lo que estamos haciendo 5.

De estos dos aspectos principales de la cognición, el que tiene que ver con el sujeto que conoce y, así con cómo tiene lugar el conocimiento y, por otro lado, el que concierne al objeto del conocimiento, es decir, a lo que se conoce por medio de este proceso, surge la tesis de la unidad del intelecto de Averroes. Ésta nos dice que el intelecto material, es decir, el intelecto por medio del que tiene lugar la pura recepción de formas es uno y el mismo para todos los seres humanos. Precisamente por referirse a la unidad del intelecto y no a que exista un alma común a todos los seres humanos, el término “monopsiquismo” no parece adecuado para dar verdadera cuenta de su posición.

Esta postulación de un único intelecto responde a dos exigencias del conocimiento. Por un lado, el hecho de que todos los seres humanos comparten una capacidad cognitiva universal, que todos tenemos las mismas capacidades intelectivas y, por lo tanto, conceptualizamos de la misma manera. Por otro lado, responde al hecho de que el inteligible en acto es universal, es decir, que compartimos los mismos conceptos, lo que es imprescindible para conocer y predicar con verdad acerca del mundo. Los inteligibles son, así, conceptos universales entendidos por el alma.

Ahora bien, si tener el mismo inteligible en acto o concepto universal es imprescindible para predicar con verdad, mucho más lo es para poder hacer ciencia. Tiene que haber un referente común a las proposiciones universales de la ciencia, pues la realidad es sólo una. Si los conceptos entendidos no fueran universales, sino particulares, tendríamos distintos referentes para cada concepto. Así, esta caracterización del objeto conocido como universal y necesariamente uno y el mismo para todos, es una exigencia si queremos tener la posibilidad de hacer ciencia y considerarla como un todo unitario y verdadero.

Averroes en el centro. Detalle de La escuela de Atenas de Rafael. Fuente.
 
Sólo espero que este largo post haya servido para arrojar luz sobre este filósofo castigado por la historia y para mostrar cómo su tesis, bien explicada, puede aceptarse intuitivamente.


Notas

1 Este post es un resumen de una comunicación presentada en las VIII Jornadas de Diálogo Filosófico que tuvieron lugar en Salamanca en 2011.

2 Averroes, Comentarium Magnum in Aristotelis De Anima Libros, III, com.5, ll. 5-10, p. 387, edición latina de F. Stuart Crawford, The Medieval Academy of America, Cambridge (MA), 1953.

3Et quidam dubitaverunt in hoc quod fuit dictum (scilicet quod intellectus non habet instrumentum) ex hoc quod dicitur quod virtus ymaginativa est in anteriori cerebri, et cogitativa in medio, et rememorativa in posteriori. Et hoc non tantum dictum est a Medicis, sed dictum est in Sensu et Sensato (...). Sed iam declaratum est in libro de Sensu et Sensato quod talis est ordo istarum virtutum in cerebro per demonstrationem dantem esse et causam”, Averroes, Comentarium Magnum in De Anima Libros, III, com. 6, ll. 46-58, p.415.

4 Averroes, Comentarium Magnum in De Anima, III, com. 5, ll. 581-583, p.407.

5 Black, Deborah L., “Models of the Mind: Metaphysical Presuppositions of the Averroist and Thomistic Accounts of Intellection”, p. 326, en Documenti e studi sulla tradizione filosofica medievale 15, pp.319-352, 2004.


Fuentes:
 

Averroes, Comentarium Magnum in in Aristotelis De Anima Libros, edición latina de F. Stuart Crawford, The Medieval Academy of America, Cambridge (MA), 1953.

Black, Deborah L., “Consciousness and Self-Knowledge in Aquinas’s Critique of Averroes’s Psychology”, en Journal of the History of Philosophy 31.3, pp. 23-59, Julio, 1993.

Black, Deborah L., “Models of the Mind: Metaphysical Presuppositions of the Averroist and Thomistic Accounts of Intellection”, en Documenti e studi sulla tradizione filosofica medievale 15, pp.319-352, 2004.

Davidson, Herbert A., Alfarabi, Avicenna and Averroes on Intellect. Their Cosmologies,Theories of the Active Intellect and Theories of Human Intellect, Oxford University Press, New York, 1992.

martes, 6 de diciembre de 2011

Amalrico de Bène: herejía y condenas de 1210

El día 20 de noviembre de 1210, cerca de París, diez miembros de los amalricenses fueron quemados en la estaca. Para la "ocasión", además, se desenterró el cadáver de Amalrico de Bène, quien enseñó en la Universidad de París y había muerto alrededor de 1207. Todos los condenados, incluyendo un maestro y dos estudiantes, eran discípulos suyos.

¿Qué defendía este Amalrico, para que quemaran su cadáver después de muerto y a quienes le seguían?

Amalrico estudió filosofía durante bastante tiempo antes de ir a la facultad de teología. El problema llegó cuando expuso una serie de tesis que eran irreconciliables con la doctrina cristiana. Saber con certeza cuáles son las que realmente defendía y cuáles se le han adjudicado es difícil, aunque ha llegado a afirmarse que él y los suyos defendían incluso el amor libre. Con respecto a lo que sí conocemos, podemos decir que entre sus tesis encontramos:

1. Que Dios es todo (omnia sunt Deus) y que todas las cosas son una, porque, cualquier cosa que es, es Dios (omnia unum, quia quidquid est, est Deus) y, por lo tanto, el panteísmo.
2. Que no hay vida después de la muerte.
3. Que todo lo que existe es el mundo material.

Aquello suponía, sin lugar a dudas, una blasfemia monumental. Sin embargo, para algunos, la herejía de Amalrico se presentaba como una opción atractiva y, pronto, empezó a contar con seguidores que venían tanto de la universidad como del ámbito extra-universitario. Sus propios colegas de la facultad de teología le pidieron que se retractara, pero él, convencido de sus opiniones, apeló al Papa Inocencio III, sin conseguir nada, salvo la condena por parte de éste y tener que retractarse. Volvió a París y, poco después, murió.

Pese a todo, sus seguidores seguían predicando sus doctrinas y, así, enseñando el panteísmo y otras herejías sin ser descubiertos. Entre estos predicadores parece ser que había un orfebre, Guillermo de Arria, que afirmaba de sí mismo que era un profeta y que el Espíritu Santo se había encarnado en él. Intentó el proselitismo con un maestro (un tal “maestro Raúl”, no sabemos más de su identidad), que contó al obispo de París, Pedro de Nemours, las herejías que había escuchado. El obispo pidió al maestro que se infiltrara entre los amalricenses y le contara todo lo que allí escuchara. Permaneció con ellos tres meses. A su vuelta a París, y tras decir al obispo todo cuanto escuchó, catorce cabecillas fueron llamados para ser interrogados. Aún así, renunciaron a desdecirse, creyendo que la verdad estaba en las palabras de Amalrico. Tal era su obstinación, que, finalmente, las autoridades religiosas enviaron a diez de ellos a la autoridad civil. A éstos se les quemó en la hoguera. Los otros cuatro, parece ser que tras rechazar sus errores, fueron encarcelados de por vida.

Los seguidores de Amalrico hiperbolizaron las tesis de su maestro, llevándolas a extremos y llegando a rechazar la validez de los sacramentos y de la iglesia. Afirmando incluso que, dado que todo es Dios, todo es bueno y, por lo tanto, no existe tal cosa como el pecado. Ante tal herejía, el obispo se quedó estupefacto y decidió ir a la raíz del problema, por lo que conformó un sínodo para excomulgar formalmente a Amalrico y sus seguidores. A la vez, prohibió la obra de David de Dinant (Quaternuli), del que se sabe que huyó tras la condena, así como las obras de filosofía natural de Aristóteles. En la obra natural aristotélica creían encontrar la causa fehaciente de tamaña blasfemia. El texto de la condena reza como sigue:

“Que se extraiga el cuerpo del maestro Amalrico del cementerio y se arroje a tierra no sagrada, que se le excomulgue en todas las iglesias de la provincia (…). Los Quaternuli del maestro David de Dinant han de ser traídos al obispo de París antes de la Natividad y quemados.
Y que no se lean en París los libros de filosofía natural de Aristóteles, ni los comentarios, ya sea en público, ya en privado; lo prohibimos bajo pena de excomunión.
Y aquél que tenga los Quaternuli del maestro David después de la Natividad, será considerado hereje”.

Hae sunt haereses, pro quibus quidam sacerdotes et clerici, sectatores Amalrici, Parisius igne examinati et consumpti sunt.


Fuentes:

Denifle, H. - Chatelain, E., Chartularium Universitatis Parisiensis, tomo I (1200-1286).
 
Hannam, James, God's Philosophers. How the Medieval World Laid the Foundations of Modern Science, Icon Books, Londres, 2009.

Wikipedia: Amalric of Bena.

Wikipedia: Hermanos del libre espíritu.

Tras una larga pausa...

¡Regresamos!