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martes, 11 de noviembre de 2014

La excomunión de Spinoza


Baruch Spinoza nació un 24 de noviembre de 1632 en Amsterdam. En esta ciudad, un gran número de científicos, filósofos y artistas convivían en armonía y daban esplendor a la ciudad con sus grandes aportaciones artísticas y tecnocientíficas. Además, el Amsterdam del siglo XVII era una ciudad ejemplo de tolerancia y de amor a la libertad entre sus ciudadanos. En ella vivían judíos, polacos y otros europeos.

Baruch Spinoza descendía de judíos expulsados de España y se inició desde muy pequeño en el estudio del hebreo y de la religión y tradición judías. Parece ser que pronto empezó a hacer preguntas “incómodas” o difíciles de responder a los rabinos que le instruían, pues era un alumno muy inteligente. Las respuestas que los rabinos le daban no le satisfacían en la mayoría de los casos.

En una de las librerías de Amsterdam -había unas 400-, Spinoza conoció al librero y latinista Franciscus van den Enden, quien defendía el amor libre y al que se acusaría más tarde de “sembrar la simiente del ateísmo”. Un ex-alumno suyo definiría posteriormente a este librero como alguien “completamente sin Dios”. La hija de van den Enden, Clara María, enseñó latín a Spinoza.

Poco a poco Baruch se fue apartando de la comunidad judía y los rumores apuntaban a que sostenía ideas heréticas y execrables para sus coetáneos, tanto para los judíos como para los cristianos. Los rumores parecen ciertos, porque Spinoza, en sus obras de madurez, sugiere por ejemplo que la Biblia es una invención humana, o que no hay inmortalidad personal, entre otras herejías.

A causa de estos rumores llegaron a intentar asesinar al filósofo. Sin embargo, el cuchillo con el que se produjo tal intento sólo llegó a rajarle el abrigo sin herirle. El agresor huyó y Spinoza guardó el abrigo como recuerdo del incidente y como advertencia de lo que podría ocurrirle.

Finalmente los antiguos amigos de Baruch le denunciaron ante la comunidad judía. Muchas personas testificaron en el juicio al que se le sometió, todos confirmando los rumores. Ante esto, uno de los miembros del tribunal le ofreció una gran suma de dinero -casi una fortuna- para que rechazara en público sus puntos de vista heréticos. Sin embargo, el filósofo rechazó la oferta alegando que, de aceptarla, se estaría comportando como un hipócrita.

En otro intento por sacarle de su error, uno de los maestros de Spinoza intentó hacerle entrar en razón, advirtiéndole de lo que podría ocurrirle. A esto, él respondió que no sólo era consciente de la gravedad de la amenaza, sino que le dijo al rabino que él mismo le enseñaría cómo debía excomulgarle “a cambio de las molestias que se había tomado en enseñarle la lengua hebrea”. A esto, el maestro le respondió que sólo volvería “con un rayo en la mano”.

                                                 Retrato de Spinoza. Wikimedia.

Finalmente, el 27 de julio de 1656, se leyó en la sinagoga el veredicto por medio del cual se excomulgaría a Spinoza:

Los señores del Mahamad (...) habiendo tenido conocimiento de las perversas opiniones y acciones de Baruch de Spinoza, han intentado por varios medios y promesas apartarle del mal camino. Pero no habiendo podido reformarle, sino más bien al contrario, recibiendo diariamente más información sobre las abominables herejías que practicaba y enseñaba, y sobre las monstruosas acciones que cometía, y teniendo de ello los numerosos testimonios fidedignos que han aportado a este efecto varios testigos en presencia del tal Spinoza, han decidido (...) que el tal Spinoza sea excomulgado y expulsado del pueblo de Israel (...). Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito al acostarse y maldito al levantarse. Maldito sea al entrar y maldito sea al salir. No quiera el Altísimo perdonarle, sino que su furor y su celo abracen a este hombre; lance sobre él todas las maldiciones escritas en el libro de esta Ley, y borre su nombre de bajo los cielos.

Asimismo, prohibieron relacionarse con él a todos los miembros de la comunidad judía. Nadie, ni siquiera su familia, podía compartir alimentos o negociar con él. Tampoco podían hablar con él. Es como si estuviera muerto para la comunidad.

  Tractatus Theologico-Politicus. Wikimedia.

Spinoza, ya como judío apóstata, abandonó Amsterdam y empezó a ser un hombre completamente libre y así se consideraba a sí mismo, como ciudadano de una república libre, no como miembro de una comunidad determinada. La carta con la que abre el Tractatus Theologico-Politicus, obra publicada póstumamente, refleja estos sentimientos:

Dado que tenemos la buena fortuna de vivir en una comunidad en la que la libertad de juicio está plenamente garantizada al ciudadano individual, que puede rendir culto a Dios como le plazca, y en la que nada es tenido en mayor estima ni como más valioso que la libertad, creo que no emprendo una tarea ingrata o infructuosa al demostrar que esta libertad no solamente puede garantizarse sin poner en peligro la piedad y la paz de la comunidad, sino que la paz de la comunidad y la piedad dependen de esta libertad.

Fuente:
Stewart, M., El hereje y el cortesano. Spinoza, Leibniz, y el destino de Dios en el mundo moderno, Biblioteca Buridán, 2006.

lunes, 13 de octubre de 2014

Guillermo de Ockham. Sobre la tiranía papal.


Lo más conocido de Ockham es su principio metodológico, la "navaja de Ockham". Pocos saben, sin embargo, que este hombre se atrevió a desafiar al propio Papa de Roma en plena Edad Media. Ahí es nada.

Breve reseña biográfica

Guillermo de Ockham (ca. 1287- ca. 1347) fue donado a los franciscanos a una edad muy temprana. En 1306 se ordena y, poco después, comienza a estudiar teología, aunque nunca terminó sus estudios. Por esta razón se le conoce como "Venerabilis Inceptor" —"principiante venerable"—, aunque también se le llama en ocasiones "Doctor Invincibilis", por la fuerza de sus argumentos.

La razón por la que no acabó sus estudios de teología es que, en 1324, tuvo que ir a Aviñón, lugar en el que estaba la corte papal, a responder de una acusación de herejía que no se sabe quién hizo. Allí le investigaron y se comenta que le pusieron bajo arresto domiciliario, aunque parece ser que esta afirmación es fruto de exageraciones. Lo que sí sabemos es que nunca volvió a Inglaterra.
La acusación principal de herejía iba dirigida a los Franciscanos, que defendían la pobreza apostólica, esto es, el no tener posesión alguna, como imitación de la vida de Cristo. Miguel de Cesena, Ministro general de la orden franciscana, pidió a Ockham que estudiara esta cuestión, y éste llegó a la conclusión de que la opinión del Papa — Juan XXII en ese momento—, era herética, pues rechazaba la "imitación de la pobreza de Cristo". Ahora bien, dado que al Papa se le había hecho ver que su postura era herética, era un hereje a sabiendas y, con ello, para Ockham, en realidad ni siquiera era el Papa, pues en cierto modo había abdicado de su cargo, dado que sabía de su condición de hereje.

Ante esta situación, en la que las cosas no es que fueran precisamente fáciles para los franciscanos, la noche del 26 de mayo de 1328, Ockham, Cesena y un grupo de franciscanos, huyeron de Aviñón, de noche y con caballos robados, hacia la corte de Luis de Baviera, candidato a emperador. A todos ellos les excomulgaron el 6 de junio de 1328 por haber abandonado Aviñón sin permiso. Sin embargo, su filosofía nunca fue condenada.
Los fugitivos fueron a Italia —pues Luis de Baviera estaba en Pisa— hasta 1329, año en que se fueron a Munich. Durante su estancia allí, Ockham sólo escribió tratados políticos. De entre todos, el más importante es el Breviloquium de principatu tyrannico papae o Breviloquium de potestate papae, esto es: Discurso breve sobre el gobierno tiránico del Papa o Discurso breve sobre el poder del Papa.

      Guillermo de Ockham. Foto por cortesía de Wikipedia.
    
Sobre el gobierno tiránico del Papa (1339-1340)

Antes de hablar del Breviloquium, es importante destacar que la época que le toca vivir a Ockham es un momento de crisis. No sólo de crisis de la cristiandad, sino también en filosofía, en teología y social. Ockham contribuirá a esta crisis desde dos frentes: Por un lado, criticará la filosofía, la teología y la moral recibidas del siglo XIII. Por otro, luchará contra el régimen cristiano personificado en el Papa.

El incipit de esta obra es muy significativo:
“Comienza (...) el breve coloquio acerca del gobierno tiránico sobre las cosas divinas y humanas, especialmente sobre el imperio y sus súbditos, usurpado por algunos de los llamados sumos pontífices”. 
Esto tiene que ver con una disputa entre Luis de Baviera y Federico de Habsburgo por la corona. En esta situación, el Papa Juan XXII pidió recuperar el antiguo derecho de, en una situación dudosa, designar a uno de los dos candidatos. Esto lo hizo, además, reclamando para sí la regencia del trono mientras que durase la disputa entre ambos aspirantes.

La crítica del Breviloquium va dirigida contra el poder papal absoluto y tiránico. Además, Ockham defiende la separación entre Iglesia y Estado, pues afirma que el Papa sólo puede poner penas espirituales, sin salir de sus "dominios", restringidos, así, a lo espiritual. Ockham recuerda también que Cristo y sus apóstoles despreciaron todo tipo de bienes y honores temporales, y que "huele a manifiesta herejía decir que todo el poder de Cristo le fue concedido al Papa".

La crisis de la Teología

Para empezar, y frente a quienes intentaban probar la existencia de Dios, él asegura que la creencia en Dios es una pura cuestión de fe. Rechaza, por esto mismo, todo argumento que intente probar la existencia de Dios, a la vez que argumenta en contra de las principales "pruebas de la existencia de Dios" que se dan en su momento, la ontológica y la cosmológica (ver aquí, parte 6, b i-ii).
Desde el punto de vista de Ockham, la teología es algo bien distinto de una ciencia. Esto en nuestro tiempo puede parecernos una tontería. Pero en el tiempo de Ockham la Verdad con mayúsculas no era  sino la teológica. Las proposiciones científicas tenían un status inferior al de las teológicas, hasta el punto de que más valía retirarlas si es que contradecían a las de la fe, pues la condena estaba prácticamente asegurada.
Pese a todo, él afirma que, para que la teología sea una ciencia, ésta tiene que proporcionarnos conocimiento. Sin embargo, el conocimiento nos viene dado por la experiencia y no tenemos experiencia de Dios, por lo que la teología no puede proporcionarnos conocimiento.
Otro de los argumentos que da para probar que la teología no es una ciencia es mostrar que se sale de los límites de la lógica. En realidad, lo que prueba es que la teología no es lógica y que, debido a esto, no debe mezclarse con la filosofía. Para hacer esto, toma el dogma de la Santísima Trinidad de la siguiente manera:

El dogma de la Santísima Trinidad nos dice lo siguiente:
  • 1. Dios es el Padre
  • 2. Jesús es Dios
por tanto, por transitividad*,
  • 3. Jesús es el Padre.
Pero, de acuerdo al dogma de la Trinidad, Jesús no es el Padre. Y, a la vez, según la lógica, es el Padre, por lo que resulta que es el Padre y no es el Padre, lo que es lógicamente imposible. 
De acuerdo con este ejemplo paradigmático del catolicismo, los dogmas como éste "se salen" de la lógica, por lo que hay que tratarlos de una manera distinta de la de la filosofía y, con ella, de la de la ciencia.


Para seguir leyendo:
Parece obvio que Ockham era un filósofo con mucho coraje cuyos argumentos, pese a quien pese, tenían y tienen mucha fuerza, tal y como le ha reconocido posteriormente la Historia de la Filosofía. Contribuyó en gran medida a la crisis de la cristiandad iniciada en el siglo XIV. Asimismo, contribuye a situar a la teología en su lugar dentro del marco de las ciencias, no sólo mostrando que carece del método demostrativo y de la validez que tiene la lógica, sino también que hay cuestiones en las que sólo la fe toma parte.
Por otro lado, su crítica al "gobierno tiránico del Papa" es una obra que recomiendo a todo el mundo, aunque sólo sea para leer el índice de cada capítulo y ver los temas que trata, pues es una de las obras más grandes de pensamiento político medieval.
A Ockham también se le reconoce su contribución al posterior desarrollo de las ideas constitucionales occidentales, a la vez que tiene el mérito de, como se ha dicho en las líneas anteriores, ser uno de los primeros autores medievales en haber defendido la separación de Iglesia y Estado.
Además de su pensamiento político, Ockham tiene numerosas cuestiones lógicas y semánticas, de teoría del conocimiento, metodológicas, metafísicas, éticas, etc. muy interesantes. Para darles un vistazo general, os recomiendo los artículos que yo misma he utilizado para preparar este post, el de la Internet Encyclopedia of Philosophy y el de la Stanford Encyclopedia of Philosophy. Sí, están en inglés.

La Navaja de Ockham va para otro post. Espero que éste no haya sido demasiado largo.

Fuentes
Guillermo de Ockham, wikipedia en español.
Guillermo de Ockham, Sobre el gobierno tiránico del Papa, Altaya, Barcelona, 1995.
Juan XXII, wikipedia en español.
William of Ockham, Stanford Encyclopedia of Philosophy.
William of Ockham, Internet Encyclopedia of Philosophy.
William of Ockham, wikipedia en inglés.

*Nota: la transitividad —en lógica y matemáticas— nos dice que, en una relación entre tres elementos, si la relación entre el primero y el segundo de los elementos, y el segundo y tercer elemento, es la misma, también será la misma entre el primero y el tercero. Lógicamente, sería más o menos algo así: si de A se sigue B y de B se sigue C, entonces de A se sigue C (por transitividad).  

P.S. Este post ha sido retomado de mi antiguo blog de La Coctelera. Lo he adecentado y retocado, eso sí.

martes, 6 de diciembre de 2011

Amalrico de Bène: herejía y condenas de 1210

El día 20 de noviembre de 1210, cerca de París, diez miembros de los amalricenses fueron quemados en la estaca. Para la "ocasión", además, se desenterró el cadáver de Amalrico de Bène, quien enseñó en la Universidad de París y había muerto alrededor de 1207. Todos los condenados, incluyendo un maestro y dos estudiantes, eran discípulos suyos.

¿Qué defendía este Amalrico, para que quemaran su cadáver después de muerto y a quienes le seguían?

Amalrico estudió filosofía durante bastante tiempo antes de ir a la facultad de teología. El problema llegó cuando expuso una serie de tesis que eran irreconciliables con la doctrina cristiana. Saber con certeza cuáles son las que realmente defendía y cuáles se le han adjudicado es difícil, aunque ha llegado a afirmarse que él y los suyos defendían incluso el amor libre. Con respecto a lo que sí conocemos, podemos decir que entre sus tesis encontramos:

1. Que Dios es todo (omnia sunt Deus) y que todas las cosas son una, porque, cualquier cosa que es, es Dios (omnia unum, quia quidquid est, est Deus) y, por lo tanto, el panteísmo.
2. Que no hay vida después de la muerte.
3. Que todo lo que existe es el mundo material.

Aquello suponía, sin lugar a dudas, una blasfemia monumental. Sin embargo, para algunos, la herejía de Amalrico se presentaba como una opción atractiva y, pronto, empezó a contar con seguidores que venían tanto de la universidad como del ámbito extra-universitario. Sus propios colegas de la facultad de teología le pidieron que se retractara, pero él, convencido de sus opiniones, apeló al Papa Inocencio III, sin conseguir nada, salvo la condena por parte de éste y tener que retractarse. Volvió a París y, poco después, murió.

Pese a todo, sus seguidores seguían predicando sus doctrinas y, así, enseñando el panteísmo y otras herejías sin ser descubiertos. Entre estos predicadores parece ser que había un orfebre, Guillermo de Arria, que afirmaba de sí mismo que era un profeta y que el Espíritu Santo se había encarnado en él. Intentó el proselitismo con un maestro (un tal “maestro Raúl”, no sabemos más de su identidad), que contó al obispo de París, Pedro de Nemours, las herejías que había escuchado. El obispo pidió al maestro que se infiltrara entre los amalricenses y le contara todo lo que allí escuchara. Permaneció con ellos tres meses. A su vuelta a París, y tras decir al obispo todo cuanto escuchó, catorce cabecillas fueron llamados para ser interrogados. Aún así, renunciaron a desdecirse, creyendo que la verdad estaba en las palabras de Amalrico. Tal era su obstinación, que, finalmente, las autoridades religiosas enviaron a diez de ellos a la autoridad civil. A éstos se les quemó en la hoguera. Los otros cuatro, parece ser que tras rechazar sus errores, fueron encarcelados de por vida.

Los seguidores de Amalrico hiperbolizaron las tesis de su maestro, llevándolas a extremos y llegando a rechazar la validez de los sacramentos y de la iglesia. Afirmando incluso que, dado que todo es Dios, todo es bueno y, por lo tanto, no existe tal cosa como el pecado. Ante tal herejía, el obispo se quedó estupefacto y decidió ir a la raíz del problema, por lo que conformó un sínodo para excomulgar formalmente a Amalrico y sus seguidores. A la vez, prohibió la obra de David de Dinant (Quaternuli), del que se sabe que huyó tras la condena, así como las obras de filosofía natural de Aristóteles. En la obra natural aristotélica creían encontrar la causa fehaciente de tamaña blasfemia. El texto de la condena reza como sigue:

“Que se extraiga el cuerpo del maestro Amalrico del cementerio y se arroje a tierra no sagrada, que se le excomulgue en todas las iglesias de la provincia (…). Los Quaternuli del maestro David de Dinant han de ser traídos al obispo de París antes de la Natividad y quemados.
Y que no se lean en París los libros de filosofía natural de Aristóteles, ni los comentarios, ya sea en público, ya en privado; lo prohibimos bajo pena de excomunión.
Y aquél que tenga los Quaternuli del maestro David después de la Natividad, será considerado hereje”.

Hae sunt haereses, pro quibus quidam sacerdotes et clerici, sectatores Amalrici, Parisius igne examinati et consumpti sunt.


Fuentes:

Denifle, H. - Chatelain, E., Chartularium Universitatis Parisiensis, tomo I (1200-1286).
 
Hannam, James, God's Philosophers. How the Medieval World Laid the Foundations of Modern Science, Icon Books, Londres, 2009.

Wikipedia: Amalric of Bena.

Wikipedia: Hermanos del libre espíritu.