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jueves, 25 de septiembre de 2014

Grice. Máximas Conversacionales (2). Falacias y violación de la Máxima de Calidad.

Antes de leer este post, sería interesante que le echárais un vistazo a este post anterior en el que se explicaba qué son las máximas conversacionales -como guía de la conversación-, incidiendo especialmente en la máxima de cantidad -aquélla que tiene que ver con la información que se aporta a una conversación-. Esta propuesta la recoge Paul Grice en su artículo Lógica y conversación (pdf).

Para refrescar rápido la memoria, las cuatro exigencias pragmáticas que deben guiar el uso del lenguaje en una conversación son la pertinencia (máxima de relación); la claridad y el orden expositivo (máxima de modo); el rigor en la aportación de información relevante (máxima de cantidad) y la veracidad de dicha información (máxima de calidad).



¿Cómo aportar lo oportuno a la conversación en términos de "calidad"?

La Máxima de Calidad nos exige dos cosas:


          (1) Decir sólo lo que se considera verdadero.
          (2) Decir sólo aquello de lo que se tienen pruebas adecuadas.



Esta máxima, como todas, se puede cancelar. Una forma de cancelarla es partir, para una argumentación, de premisas que no consideramos verdaderas haciéndolo explícito. Esto es aceptar algo en aras de la argumentación, y, como ya se ha dicho, es una cancelación y no una violación.

También se puede explotar esta máxima. La forma más evidente de hacerlo es la ironía, pues con ella puedes decir lo contrario de lo que quieres decir, aunque el interlocutor ha de conocerte para no interpretar literalmente lo que dices. También con un argumento cínico, es decir, dando una razón obviamente mala, se explota esta máxima.

¿Cómo se viola la Máxima de Calidad? Es decir, ¿cuándo no estamos aportando veracidad o verdad a la conversación?


Algunas formas de violación de la exigencia (1):
 
Argumentación ad hoc: no se parte de premisas que se consideran verdaderas y/o razonables, sino de las que sirven para demostrar lo que se quiere demostrar.

Dar la buena razón: argumento hipócrita. No se da un argumento porque es del que se sigue la conclusión, sino porque el hablante cree que es el que debe dar.

Autoengaño o wishful thinking: confundir los deseos con la realidad. Es paradójico porque ocurre algo "p", y quien se engaña a sí mismo cree lo contrario de lo que ocurre, "no p". 



Algunas formas de violación de la exigencia (2):

Ad nauseam: repetir incansablemente un argumento inválido para que al final acabe calando. Una mentira que se repite muchas veces puede acabar por parecer verdadera. El hablante no se defiende de las objeciones que se le plantean, sino que repite lo mismo hasta que la gente se lo aprende. Se emplean normalmente expresiones fáciles de recordar y suele utilizarse en las teorías conspirativas.

Ad lapidem: eludir una afirmación de la que se pueden dar razones para usar en su lugar una afirmación lapidaria, enfatizada con mucha seguridad, como algo que está más que demostrado. Suele usarse para defender tesis débiles. Un ejemplo sería "lo sé de buena tinta".

Inversión de la carga de la prueba: se piden razones para algo y el interlocutor las pide para lo contrario. Tu interlocutor debe justificar su afirmación y no pedirte que demuestres lo contrario. Por ejemplo:¿por qué x? ¿y por qué no? o demuéstrame que no x. También suele cometerse esta falacia en enunciados de existencia, pero quien hace un enunciado de este tipo es quien tiene la carga de la prueba y no al revés. Por ejemplo, quien afirma la existencia de fenómenos sobrenaturales es quien debe demostrar su existencia, y no al revés. Si la respuesta a este tipo de cosas es "demuestra lo contrario", estaréis asistiendo a una inversión de la carga de la prueba.

Ad ignorantiam: es otra forma de inversión de la carga de la prueba. Apela a cosas que se desconocen para justificar una afirmación. Es así porque no se ha demostrado que no. Apela a la ausencia de conocimiento. Un ejemplo de esto sería decir que los extraterrestres existen porque no se ha demostrado que no.

Falacia relativista: consiste en relativizar cosas objetivas. Por ejemplo, al decir "eso es verdadero para ti, pero no para mí", o al interrumpir una discusión y darle al otro la razón "como a los tontos".

Formular el problema presuponiendo lo que quieres demostrar: esto se puede hacer de varias maneras:
Puede ser una petición de principio, que incluye entre las premisas la conclusión que se quiere demostrar. También puede hacerse una argumentación circular (en la que, por ejemplo, de p se sigue q pero p también se sigue de q). También puede recurrirse al uso de magia verbal, es decir, se incluye la conclusión en las premisas, pero de una forma distinta, con palabras más "amables".
Otra forma de presuposición de lo que se quiere demostrar es el uso de preguntas complejas, en las que, si contestas, aceptas lo que el otro quiere. Suele usarse en interrogatorios. Por ejemplo: "¿ha dejado ya de pegarle a su mujer?".

Ya sólo me quedan dos máximas por tratar. Espero que las disfrutéis (casi) tanto como yo.

lunes, 9 de enero de 2012

Grice: Máximas conversacionales. Cantidad.

Quienes me conocen, saben lo exigente que soy (con los demás y conmigo misma) en todo lo que tiene que ver con la claridad, la pertinencia y, en definitiva, con un correcto uso de la argumentación. Éste es el arma que tenemos los filósofos para demostrar nuestras ideas y, sobre todo, para tener discusiones fructíferas. Si cada vez que hablamos de "x" tenemos que atender a las distintas formas de entender "x", sin proponer una común a todos en aras de la discusión, mal andamos.

Por eso, una buena formación en lo que a argumentación y retórica se refieren es vital para el filósofo, siendo nuestra disciplina, que lo es, eminentemente discursiva. Sin embargo, en muchos casos la formación en materia de argumentación se va dejando y no se le da la importancia que merece. Y luego nos encontramos con discursos absurdos y la mar de "retóricos" (en el peor sentido posible del término) a los que muchos llaman "filosofía" sin ser, en muchos casos, nada más que un chiste de mal gusto (postmodernos, perdonadme por lo que acabo de decir). Nuestro instrumento es la palabra; nuestro método científico, el argumentativo; nuestro laboratorio, la naturaleza.

Pensando en estas cosas y revisando mi antiguo blog de la coctelera, he recordado que tengo algunos posts que vienen bien para contribuir a que no ocurran estas cosas de las que me he quejado anteriormente y creo que merece la pena rescatarlos. Dicho esto y, aunque algunos podáis pensar que no es así, el daño ya está hecho. No intentéis detenerme. En mi defensa, alegaré que no los copiaré tal cual. El tiempo nos hace pensar un poco más.

El primer post rescatado tiene que ver con lo que se llaman "máximas conversacionales" y está basado en un artículo de Grice, "Lógica y conversación", que podéis consultar aquí. Ahora, al lío.

¿Cómo hacer un uso apropiado de los argumentos en una conversación? Grice nos desvela la existencia de un conjunto de máximas que guían el uso del lenguaje en la conversación y que se sustentan en el principio cooperativo. ¿Y qué es el “principio cooperativo”? Éste nos dice: que tu aportación a la conversación sea lo oportuno y adecuado a la finalidad de la conversación.
Dicho esto, las máximas pueden ser de cantidad, de cualidad, de relación o de modo:


  • Máxima de Cantidad: que tu intervención contenga toda la información necesaria y sólo la información necesaria.
  • Máxima de Calidad: decir todo lo que se considera verdadero y sólo aquéllo de lo que se tienen pruebas adecuadas.
  • Máxima de Relación o pertinencia: ir al grano y ser pertinente.
  • Máxima de Modo: ser claro, preciso, no ser ambiguo. Ser breve y ordenado.

Salvo que se especifique lo contrario (que se cancelen), estas máximas funcionan. Pueden dejarse en suspenso, como ocurre al decir "mis labios están sellados", con lo que se manifiesta que no se va a cooperar. También pueden violarse, aunque esto puede llevar a equívocos. Un ejemplo de violación en relación con la máxima de cantidad ocurriría, por ejemplo, si yo pregunto qué tal es el profesor "x" y la respuesta es "bueno, llega puntual a clase", violando así, la máxima de cantidad (dado que no ha aportado la información necesaria), queriendo decir o implicar conversacionalmente que "no es un buen profesor". Las máximas también pueden explotarse si se dejan de cumplir manifiestamente sin dejar nada en suspenso ni querer inducir a equívocos, como cuando decimos "la guerra es la guerra" o cualquier otra tautología similar.


También existen falacias derivadas de un mal uso de las máximas. Aquí conviene repasar que, para que un argumento sea válido, la verdad de las premisas debe transmitirse a la conclusión. Con respecto a la máxima de cantidad, dado que estamos hablando de la información que contiene nuestro argumento, hemos de saber que, si la conclusión no se sigue de las premisas, tendremos falacias de non sequitur. Todas ellas son formas de violación de la máxima de cantidad. Algunas de éstas son:


  • Post hoc, ergo propter hoc: es un argumento de falsa causa. De la correlación de dos elementos, A y B, se pasa a una relación de causalidad en la que A causa B o B causa A. Esta falacia suele usarse en argumentos supersticiosos. Un ejemplo sería decir que, como el gallo siempre canta antes de que salga el sol, la causa de que salga el sol es que el gallo cante.
  • Slippery Slope o Argumentos de pendiente resbaladiza (también llamado “bola de nieve”): éste es un tipo de argumentación donde se da una falsa consecuencia. Partes de una proposición “p”y derivas de ella una consecuencia de la que, a la vez, se deriva otra consecuencia, de la que se deriva otra... hasta finalmente demostrar una consecuencia que no tiene nada que ver con el hecho del que partías. Suele usarse en argumentos catastrofistas.

Otra de las condiciones para cumplir esta máxima es que la conclusión nos dé más información que las premisas. Hay falacias que se derivan del uso de premisas que el interlocutor aceptará de antemano:

  • Falso dilema: o A o B. Se prescinde de todas las posibles alternativas y se presentan éstas como las únicas. Por ejemplo: o estás con nosotros o contra nosotros.
  • Falso término medio: negativa a aceptar un dilema real presentando una tercera alternativa que, en realidad, no existe. Por ejemplo: ni determinismo, ni libertad, sino una mezcla de ambas.
  • Ad consequentiam: no aceptar algo sólo porque no te gustan sus consecuencias, pero eso no implica que la consecuencia sea rechazable ni que el argumento sea falso. Suele usarse para el autoengaño. Por ejemplo: no puedes aceptar que la teoría de la evolución sea verdadera, porque entonces nosotros no seríamos mejores que los monos.

Hasta aquí lo que respecta a las máximas por hoy.